10 cosas que deberías saber de los hombres.
Digan lo que digan las voces más radicales del feminismo, hombres y mujeres sí somos distintos, no sólo física y biológicamente, sino que pensamos y sentimos diferente. ¡Y menos mal! Es la salsa de la vida, si fuéramos iguales sería demasiado aburrido.
Pero a veces tantas diferencias, si no se toman con cierta dosis de humor, provocan malos entendidos y acaban erosionando la pareja. Para evitar evitar llegar a esta situación queremos compartir con vosotras 10 'tips' que toda mujer deberíamos saber sobre el sexo opuesto, algunos basados en el artículo de Robin Nixon publicado en livescience.com '10 Things Every Woman Should Know About a Man’s Brain'. ¿La finalidad? Ahorrarnos energía, enfados, desencuentros y frustraciones.
1. El juego del macho.
Los hombres juegan al ser el más 'macho' delante del resto de los hombres para mostrar su fuerza y su poder. ¿El problema? Que no sólo resaltan su masculinidad, pavoneándose ante las féminas, sino que en ocasiones acaban cayendo en el machismo para no ser juzgado por el resto 'de la manada'. Defienden lo que ellos consideran 'sus posesiones' marcando territorio, y entre estas posesiones nos encontramos nosotras. Incluso no dudan en utilizar la violencia si se sienten amenazados.
Una buena noticia: la competitividad disminuye en la madurez. Bajan los niveles de testosterona y el cerebro masculino madura. Se preocupa más por cuidar las relaciones que de estar picando de flor en flor como cuando era joven. Y ya no 'entran al trapo' del qué dirán.
Pero los hombres no sólo interpreta el papel del macho, sino que les encanta disfrazarse de muchos otros hombres a lo largo del día como: viajero experimentado, hombre de éxito, jugador de fútbol, hombre de negocios, buen padre, increíble seductor, esposo ejemplar... Con tanta crisis de identidad no me extraña que cuando llegan a casa estén tan cansados que no les apetezca interpretar el papel que más les gusta: el del perfecto amante.
2. El trabajo, su tema favorito.
El trabajo ocupa, aproximadamente, el 95 por ciento de sus conversaciones. No lo hacen por fastidiar, sino por necesidad. Necesitan demostrar ante sí mismo su valía. También es una estrategia muy buena que utilizan cuando tienes que hacerle un reproche: “lo siento cariño, pero un cliente de última hora me entretuvo más de la cuenta”. Eso sí, es el único tema que no le deja sin palabras. Ese y el fútbol, claro.
3. Su particular manera de soltar el estrés.
Si bien tú te mueres por un buen masaje después de un día duro de trabajo para eliminar el estrés, él prefiere otras formas algo más rudimentarias. ¿Cuáles? Ver la tele, navegar por Internet, tomarse una cervecita bien fresquita y, si se encuentra sólo y con ganas, masturbarse. El final perfecto para conseguir la relajación total.
4. Su fobia al compromiso.
El hombre y el compromiso, son como el agua y el aceite: luchan por no mezclarse nunca. Siempre buscan alguna excusa tonta para huir como de la peste: “es celosa”, “es mandona”, “demasiado alta”, “demasiado baja”... Porque cumplir con un compromiso significaba atarse a esa decisión, a esa persona para siempre y no volver a ser libres, como realmente desean.
Poder asumir esta responsabilidad es una cuestión de madurez y, en general, a los hombres les cuesta bastante madurar.
Pero al final sucumben a la realidad: cuando encuentran a la mujer de su vida, se enamoran y al final van en busca de lo inevitable. Entonces sucede el efecto 'boomerang': aquellos juerguistas con cierta alergia al día, dejan radicalmente esta forma de vida y se vuelven ermitaños. Eso sí, aunque suenen campanas de boda, su instinto de conquista nunca muere.
5. Son los hombres de la casa, aunque mandamos nosotras.
Pero rompamos una lanza a su favor: los hombres de hoy en día cada vez son más caseros y aceptan de buena gana la situación. Cogen el 'mocho' y la escoba sin problemas, incluso algunos de ellos se piden las bajan maternales para disfrutar de los primeros meses del niño. Las cosas están cambiando.
6. A ellos también les preocupa cómo conquistar a una chica.
Debajo de esa seguridad aparente se esconde un niño con los mismos miedos que nosotras a la primera cita, a la primera vez. Primero por el miedo al rechazo, porque duele, es humillante, cabrea y, además, provoca inseguridad.
Y mucho mayor es aún su miedo cada 'primera vez' con una chica, sobre todo si siente algo por ella. Miedo a sufrir impotencia, a la eyaculación o, simplemente, a no dar la talla. A no cumplir las expectativas de unas mujeres cada vez con más experiencias y, sobre todo, con más exigencias. Eso sí, nunca lo reconocerán. Ante cualquier imprevisto desagradable, tendrán alguna salida del tipo: el estrés, el trabajo, los medicamentos de la gripe...
7. Su cada vez más cuestionado, deseo insaciable por el sexo.
Si hacemos una encuesta por nuestra ciudad de ¿quién tiene más deseo sexual, los hombre o las mujeres? Seguramente saldría que los hombres. Es el rol social que les ha tocado vivir. Los científicos llegan a afirmar que es la testosterona la causante de esta necesidad inagotable.
Pero la realidad vuelve si no a derribar, sí a cuestionar estas razones médicas: los hombres no siempre están listos para el sexo, no son vibradores que basta con enchufarlos para ponernos a jugar. Puede que él esté en uno de esos días en que le duele la cabeza.
Por otro lado, las mujeres cada vez tienen un papel más activo y protagonista en la cama. Y, ¡sorpresa! Les gusta. Aunque parezca mentira o las creencias hagan pensar lo contrario, al hombre le encanta que una mujer tome la iniciativa, que sea creativa. En cierta manera se quitan un peso de encima: el de ser el único responsable de una relación 'non grata'. Ahora que tus orgasmos te hagan alcanzar el éxtasis no dependerá sólo de él, si no también de ti, de tus movimientos, de cómo le hagas entender las cosas que te gustan y complacen, porque de adivino tienen poco.
8. Eso de estar pendientes de los detalles no van con ellos.
Pasan por encima de los detalles, como si te has puesto los pendientes nuevos o si esos pantalones realzan tu michelín. No lo hacen por maldad, es que, simplemente, esas cosas no les importan. Porque los hombres son funcionales y si algo no les va a llevar a ningún sitio, ¿por qué preocuparse? Así que mejor, evitémonos frustraciones y dejemos de esperar que, por fin, entienda algo de lo que le decimos. Esto no va a suceder.
Para los hombres comunicarse es dejar en claro, de la forma más breve posible, lo que tienen que decir yendo directo al grano
Para los hombres comunicarse es dejar en claro, de la forma más breve posible, lo que tienen que decir yendo directo al grano: 'a preguntas concretas, respuestas directas'. La cuestión es que los entendamos a la primera sin necesidad de dar rodeos y contar esos interminables detalles con los que tú tanto disfrutas cuando hablas con tus amigas (ellas sí que hablan el mismo idioma que tú). Porque si tu le cuentas con 'pelos y señales' lo que te pasó a la salida del trabajo, ten por seguro que a los cinco minutos desconectará. Por ello es inútil que entres en discusión con él por este motivo. Nunca cambiará.
9. 'No me pasa nada' realmente quiere decir eso, 'no me pasa nada'.
En el diccionario masculino, decir que 'no me pasa nada' equivale a 'no me pasa nada', no como en el diccionario femenino que significa 'me siento fatal y necesito que me abraces y me repreguntes por enésima vez qué me pasa'. Si está en silencio, quizás es que necesite realmente ese silencio. Por eso no insistas, es muy frustrante oír una y otra vez la misma respuesta, sobre todo cuando se espera una contestación algo más elaborada.
10. Son más vulnerables de lo que aparentan.
Los hombres son mucho más débiles de lo que aparentan, aunque su rol no permita exteriorizarlo y la sensibilidad sea una característica asignada tradicionalmente a la mujer (y a los gays). Además, según van cumpliendo años, se van volviendo particularmente más 'blanditos'. Según explica el doctor Louann Brizendine, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de California (San Francisco), vivir en pareja puede aminorar esta vulnerabilidad, puesto que sus niveles hormonales disminuyen la ansiedad.
Y en pareja son también más dulces y emocionales. No es que se pasen todos los días pregonando a los cuatro vientos su amor por nosotros (la testosterona se lo impide). El romanticismo lo demuestran de otra manera, en pequeños gestos que hay que saber captar. Por eso señoras, dentro de ese témpano de hielo aparente que duerme cada noche en nuestra cama, se encuentra un niño con ganas de recibir besos, caricias... y lo que surja.
Fuente: http://mujer.terra.es/
