Fui tan estúpida...
Pregúntame cuántas veces he llorado y sufrido, por ti. Solo por ti. Yo muy bien sabía que nuestra relación no sería estable, que tendría demasiados altibajos, que me engañarías cada vez que pudieras y aun así, acepté, lo acepté todo por ti, porque soy una masoquista, una ilusa, creí que cambiarías por mi, que mi amor hacia a ti te transformaría de una mejor manera, que mis noches de insomnios hablándote sobre mis planes para nuestro futuro te demostrarían que yo iba en serio, porque realmente quería tener un futuro contigo.
Se me hacía más fácil seguirte el juego que enfrentarte, ganarte y perderte “¿De qué me vale ganar si no tendré?” era mi pensamiento, mi excusa perfecta para dejarte hacer lo que quisieras, y no. El amor no es eso, me di cuenta que mientras yo lloraba y sufría por ti, tú estabas disfrutando, ni siquiera recordabas que yo existía, me tocó sufrir, y sufrir en serio, para darme cuenta que no eras tan perfecto como pensaba, para darme cuenta que el amor puede ser infinito, pero también hay que utilizar el cerebro, la lógica y no solo el corazón. Quizás sí existan personas que cambien, quizás sí, pero ellos lo demuestran, tú en cambio no.
Acepté el reto, jugué y perdí. Perdí más de lo que tenía, apostando a una relación de fracasos, entendí que no se puede entregar el corazón completamente al primero que venga con palabras bonitas, que necesitamos querernos a nosotros mismos, darnos a respetar, ser orgullosos -a veces- y tener moral y dignidad, para luego compartir nuestro amor, pues de otra forma jugarán con nosotros.
