Pensamiento.
Tengo la voz cansada, los labios entumidos, pero mi mente no para de gritarte:
Cobarde!, porque dices demasiado y actúas poco
Imbécil, porque te preocupas, si aquí me tienes.
Estúpida porque llegue ah agitarte, aun sabiendo que te gusta la calma.
Una patada en el corazón y mi mente actualiza lo que acaba de pasar.
Me exalte, empeze hablar en voz alta,
Comprendí que ya era tarde, que el no diría nada por miedo a equivocarse, ya lo había hecho.
Autor: Lizeth Arteaga
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